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Yoga al desnudo

Cada vez tiene más adeptos practicar esta actividad sin ropa ya que facilita la armonización del cuerpo, la mente y el espíritu; muchos aseguran haber logrado mayor plenitud sexual.

Cada vez tiene más adeptos practicar esta actividad sin ropa ya que facilita la armonización del cuerpo, la mente y el espíritu; muchos aseguran haber logrado mayor plenitud sexual

 

Por Juan Yesnik
Especial para RevistaOHLALA.com

Practicar yoga sin ropa ("naked yoga") va ganando adeptos en el mundo de los que se disponen a sentir y descubrir su cuerpo.

Dicen los que saben del tema que practicar "yoga desnudo" es una vuelta a los orígenes, que ya los maestros indios hacían sus prácticas como Dios los trajo al mundo y que es propio de nuestra civilización el haber vestido el cuerpo con una túnica o un chándal.

Ya en 1974, el documental Naked Yoga (Paul Cordsen) contó la historia de estas prácticas milenarias. La película, nominada al Oscar, produjo un fuerte impacto en los Estados Unidos.

No es fácil imaginar una clase de yoga con todos los compañeros de clase desnudos y, mucho menos, imaginarse a uno mismo sin ropas experimentando todo tipo de posturas y posiciones. Así, ¿quién puede relajar o concentrarse?. Al parecer, cada día son más los que logran entrar en sintonía con esta tendencia. De hecho, son muchos más los hombres que las mujeres que se le atreven a la nueva modalidad.

"La ropa siempre molesta cuando nos disponemos a cualquier actividad física. Cuando estás desnudo es más libre el movimiento, es más fácil percibirse, sentirse, concentrarse en uno mismo". Así piensa Rubén, un porteño de 35 años, que hace dos descubrió que podía mostrarse desnudo frente a los demás. Muchos de sus compañeros son nudistas pero él, tal como asegura, "sólo practico yoga desnudo; no voy a playas o clubes naturistas".

Así como Rubén, hay grupos de hombres y mujeres, de todas las edades, con o sin experiencia en yoga, que llegan a la clase, con tan sólo un toallón o manta que estiran sobre la colchoneta. Están convencidos de que haciéndolo sin ropa, se le suma un plus a la búsqueda de la armonización y reunificación del cuerpo con la mente y el espíritu. "Sin ropa uno siempre es más consciente de su cuerpo", asegura Claudia, quien tiene 42 años, está casada, tiene dos hijos y, aunque su familia mucho no entienda de esta moda, ella toma clases sólo entre mujeres (suele haber grupos separados por género, así como clases mixtas).

Claudia descubrió que "hacer yoga sin ropa fue como sincerarme conmigo misma y con mi cuerpo. Siento que no escondo nada, que entrego todo y así logro romper con las limitaciones y las barreras que uno suele ponerse por pudor, costumbres sociales o mandatos".

Si bien no se conocen, Claudia y Rubén, así como muchos otros que se animan a contarlo, "el yoga sin ropa ayuda a vencer pudores y vergüenzas relacionados con el cuerpo y el erotismo". En otras palabras, si bien el yoga desnudo no es una disciplina o terapia sexual, muchos aseguran haber mejorado el rendimiento y el goce sexual.

Así como hay clases grupales (suelen ser no más de 7 u 8 alumnos), también se ofrecen sesiones individuales o en pareja. Es lo más recomendable para aquellos que quieren vivir la experiencia pero que, en un principio, están condicionados por las dudas y temores que puede haber en torno a esta práctica, para mucho, algo más que novedosa.

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