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Es cierto que la desnudez

Es cierto que la desnudez, lejos de ejercer sobre el individuo una atracción carnal hecha de deseos lúbricos y de sensualidad bestial, crea en el espíritu sentimientos estéticos, y desarrolla en todo ser humano el gusto de lo bello.

Se puede decir que la educación sexual, cuya enseñanza parece tan difícil a todos, padres o preceptores, se hace naturalmente, por el espectáculo de la desnudez, que depura la imaginación y apacigua los impulsos sexuales.

 

En efecto, la visión de cuerpos desnudos, lejos de excitar la imaginación tórnase muy rápidamente calmante; y si los seres estuvieran acostumbrados, desde su más tierna edad, a exponerse desnudos a los rayos del sol, se vería disminuir esta inquietud sexual que toma, en el alma civilizada moderna, las proporciones de una verdadera enfermedad.

La práctica del desnudo, libremente extendida, evitaría las excitaciones malsanas y apaciguaría las obsesiones sexuales y las visiones pornográficas con las cuales se alimenta la imaginación.

Por la desnudez, la educación sexual se haría de una manera natural y los hombres serían rápidamente liberados del sentimiento de vergüenza, de pudor y a veces de pecado, que va unido a los órganos genitales.

La costumbre de vivir desnudos en las playas durante el verano, sería, estoy cierto de ello, el mejor medio de enseñar a los hombres y sobre todo a los jóvenes, a conocerse mejor, tanto físicamente como moralmente, y esta costumbre haría desaparecer muy pronto la hipocresía, que es el veneno del corazón. Por este medio los jóvenes perderían una gran parte de su falso pudor ridículo y de su estúpida timidez: los chicos se acostumbrarían a apreciar en sus compañeras las cualidades sanas del corazón y las finuras del espíritu, y a considerar así a la joven con un respeto más noble y más fecundo; teniendo menos ocasiones de mostrarse groseros y obscenos, evitarán fácilmente los vicios de los internados de chicos y tendrán como un honor el agradar sólo por la cortesía de sus gestos, y, así, sus sentimientos serán naturalmente elevados.

Por su parte, las chicas perderán muchos de sus gestos amanerados de coquetería, de sus pasiones pueriles entre muchachas, adquirirán más sencillez, más franqueza; experimentarán la influencia beneficiosa de la emulación, que las llevará a dejar de lado el arte de los adornos y de los “maquillajes”, para dar más importancia a la belleza del cuerpo y de las formas armoniosas.

Hay que saber que la gimnasia, el deporte, el trabajo físico, sobre todo cuando se practican al aire libre y con el cuerpo desnudo, son excelentes reguladores del impulso sexual, porque la disciplina que imponen a los movimientos impide el desarrollo de las emociones vivas.

Es en los momentos de ocio, en el curso de las ocupaciones intelectuales o en los “dancings” -en donde las formas se adivinan bajo las finas telas-, cuando el cuerpo se enardece y se excita.

En el momento en que se debilitan las reglas de la moral, se puede ver que el deporte y la gimnasia, practicados al aire libre, disciplinan las necesidades del cuerpo, al mismo tiempo que desarrollan los sentimientos de solidaridad, uno de los instrumentos más eficaces de la moral moderna.

Fuente: Libro El amor entre nudistas (fragmento del prólogo). Ediciones Morata 1933. Autor: Luis Carlos Royer.

 

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